CÓMO LA MENTE SE ENTIENDE A SÍ MISMA (Parte 1)
- Astrid Roman G
- hace 2 minutos
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En el intento de que la mente entienda sus propios procesos de interpretación de la realidad, en el Katha Upanishad se usa la analogía de un carruaje, donde el pasajero es la conciencia, el cochero es el discernimiento, las riendas son la mente cotidiana o mente reactiva, los caballos son los órganos de los sentidos de percepción (oído, vista, tacto, gusto, olfato) y el carruaje vendría a ser el complejo cuerpo-ego.
Los caballos como sentidos de percepción
Lo primero a considerar para que la mente sepa cómo opera, sería entender lo que permite que tengamos interacción con el resto del mundo. Los maestros catalogan a los sentidos como si fueran un niño, son inocentes. Porque ellos solo se encargan de captar de forma neutral, sin saber qué puede ser bueno o malo, seguro o peligroso. Esa decisión la toma la mente.
Luego de recibir los impulsos nerviosos, la mente juzga si algo es frío o caliente, salado, dulce o amargo, suave o áspero, claro, oscuro o de colores, etc. La mente divide en pares de opuestos. De esta forma puede responder mejor ante lo que tiene en frente.
Claramente, no es igual la experiencia para alguien que pierde acceso a alguno de sus sentidos. Cuando la mente se adapta a esa nueva realidad, puede comenzar a tender a la aceptación. Por lo general, las personas que han vivido toda su vida sin la experiencia de algún sentido desde su nacimiento, al no tener punto de comparación, viven esa realidad con menos resistencia.
La resistencia surge con más fuerza cuando la mente compara el presente con un estado anterior que conoció. Por eso el sufrimiento ante la pérdida de un sentido suele ser más intenso que la incomodidad de quien nunca lo experimentó, aunque esto no significa que esa persona esté exenta de deseo o de su propio proceso de aceptación.
El carruaje como el complejo cuerpo-ego
Esta parte de nuestro complejo mental es la identificación con el cuerpo, la parte biológica y todo lo que representa nuestra personalidad. Los sentidos son funciones de ciertas partes del cuerpo. La nariz, la boca y la lengua, los ojos, la piel y los oídos pueden existir aunque no funcione el sentido. Pero no hay percepción física sin algún mecanismo receptor de información.
Cada uno de nosotros tiene un nivel de tolerancia personal hacia todos los estímulos que perciben nuestros sentidos, por lo que la interpretación de la experiencia ya va siendo diferente para cada uno. De acuerdo a nuestra constitución seremos más propensos a resistir calor, frío, contacto físico, sonidos fuertes, iluminación intensa, cierto tipo de alimentos o incluso dolor.
Tanta sobrecarga sensorial mantiene a la mente atrapada en el plano más denso, incapaz de trascender hacia niveles más sutiles.
Al final, el carruaje, o el cuerpo es nuestro vehículo. El hecho de que nuestra identidad última no sea nuestro cuerpo exclusivamente, no nos exime de escuchar cómo de forma inteligente él mismo nos muestra cómo sostener la armonía.
El cuerpo va a tender a la homeostasis, sin embargo, si para atender una función vital debe sacrificar alguna otra función más superficial, lo hará. Si la mente considera que hay que estar en alerta constante por cosas que realmente no son un peligro, el sistema nervioso no tiene manera de saber que en realidad es un peligro imaginado. Va a generar las hormonas necesarias cada vez que lo registre. La supervivencia siempre será la prioridad.
Quiere decir que el cuerpo responde a la mente. Sin darnos cuenta, mucha de nuestra realidad física la estamos comandando desde nuestras creencias.
La mente reactiva como las riendas
Esas cuerdas que conectan al cochero con los caballos y que permite que el carruaje se mueva son las riendas o la mente reactiva. Algunas tradiciones la llaman la mente cotidiana o mente discursiva. Se trata de esa parte de la mente que está atenta todo el tiempo a los estímulos externos y haciendo una narración interna, o sosteniendo un diálogo tratando de darle sentido a todo lo que percibe.
Nota cómo no podría haber conexión entre los caballos y el carruaje si no fuera por las riendas. La mente es imprescindible. Su tarea principal es tomar toda la información que recibe del entorno e interpretarla para darle sentido a la experiencia. La mente aprende por repetición y por impacto emocional. Su función es de protección, supervivencia y optimización de la energía. Siempre buscará evitar el dolor y aumentar el placer.
Esta parte de la mente tampoco tiene noción de lo que nos hace bien o mal a largo plazo. Solo busca el camino fácil. Por sí misma, así como literalmente las riendas de un carruaje, no tiene noción de cuál es el camino evolutivo. Ella va a recibir la información de los sentidos y de sus interpretaciones y decidir qué es “bueno” o “malo” con base a lo que se ha venido tejiendo, lo que tiene guardado en su banco de memoria y las creencias.
Las huellas como la red neuronal por defecto
Como dije antes, la mente aprende por repetición, esa repetición va formando huellas neuronales, como las huellas que deja el carruaje. Esas huellas son las que hacen que la mente optimice la energía y no tenga que analizar cada decisión. Las acciones se van dando en automático. Por eso es tan complejo comenzar una nueva tarea. La nueva huella aún no se ha generado con la misma profundidad que con la que seguramente está formada la huella de la acción que quieres sustituir.
Si la huella que se ha formado es levantarte a las 9 de la mañana cada día durante años, y ahora te has propuesto levantarte a las 6 a ejercitarte, debes entender que no será un cambio tan inmediato. Va a requerir de cierta voluntad mover a los caballos por un camino que no conocen. A las ruedas del carruaje les va a costar un poco porque el camino no está tan transitado.
Hay huellas que vienen de generaciones atrás. Nadie es culpable. Debemos darnos cuenta que hay mucha información que traemos. Así como nuestro color de piel o estatura es información heredada, también tenemos cierta configuración energética. De acuerdo a las experiencias pasadas, tenemos tendencias. Si nos detenemos a observar nuestra realidad y qué patrones se repiten, podemos ir saliendo de la inercia. Esas huellas no son fijas, podemos cambiar.
Aunado a ello, la mente reactiva no tiene la capacidad de responder interrogantes profundas como qué es la vida, qué es Dios o cuál es tu propósito. Ella también es inocente, ya que esta no es su función. Ni la mente, ni el cuerpo ni lo sentidos tienen por sí mismos la capacidad de llevarnos por el camino de descubrir nuestra identidad más profunda. Aún así, son la herramienta para lograrlo.
Ejercicios para la mente - sentidos - cuerpo
Una de las maneras de aumentar la resiliencia de los sentidos sería a través de la práctica de mindfulness. La presencia plena resulta particularmente retadora para la mente, porque a ella no le gusta no hacer nada. Estar presente le resulta aburrido y quiere una tarea más activa.
Nuestras huellas más primitivas están bien engranadas, y los impulsos biológicos son naturales en todos: orgullo, envidia, gula, ira, pereza, lujuria y codicia es lo que sale impulsivamente cuando nuestro nivel de conciencia no está tan desarrollado.
Las prácticas como el yoga o la meditación permiten que entrenemos a la mente a tolerar la incomodidad sin reaccionar por una parte, pero también a hacernos más conscientes de nuestro estado interno, de lo que consideramos deseable o aborrecible. De cómo nuestros pensamientos están creando una realidad de separación o de unidad.
Hacer una actividad como la meditación acompañando con la respiración hace que nuestro sistema nervioso active el sistema parasimpático de relajación. Esto es importante matizarlo porque para alguien que quizás ha sufrido algún tipo de trauma, sentarse quieto con los ojos cerrados puede resultar muy estresante, logrando el efecto contrario al que se desea.
En estos casos en particular, es recomendable comenzar a mover la atención a hacer algún pasatiempo que nos mantenga concentrados (no distraídos). Algo que nos permita salir de la mente discursiva y al mismo tiempo activando redes neuronales constructivas porque requieren igual el esfuerzo del enfoque y la concentración.
En algún punto se puede hacer la transición a concentrarnos en la respiración. No tiene que ser con los ojos cerrados. Solo sostenemos la atención plena en “observar” cómo estamos respirando. Seguir la trayectoria del aire que entra y que sale por la fosas nasales, la temperatura, el movimiento, etc.
Entrenamiento de fuerza
Una revelación importante de los últimos tiempos tiene que ver con el entrenamiento de fuerza y su relación con el desarrollo cognitivo y salud del cerebro. Ya esto lo habían dicho los maestros en los libros de Ayurveda, donde estaba entre las recomendaciones para trabajar el cuerpo físico el levantar objetos pesados.
Someter a nuestras células a hacer esfuerzo de manera deliberada es una manera de ayudarlas a hacerse más resistentes. Al contraer los músculos contra resistencia, se liberan sustancias que van al cerebro, permitiendo la generación de nuevas neuronas y protegiéndolo del deterioro cognitivo y la demencia.
Por qué las redes sociales o la tv no suelen ayudar con la práctica de mindfulness?
No es que no ayuden en absoluto. Cualquier actividad, incluso pensar, se hace en el presente. Pero si queremos reforzar huellas y cambiar la plasticidad en las neuronas relacionadas a la resiliencia, que es la capacidad de adaptación ante situaciones adversas, las redes digitales no cumplen esa función. De hecho, se ha comprobado que en su lugar liberamos hormonas de recompensa sin esfuerzo, reforzando la falta de tolerancia ante las dificultades.
Otra cosa importante que hace que la mente interprete la realidad de una manera distinta, tiene que ver con el impacto emocional de la experiencia. Si una experiencia nos afecta de manera importante, tanto de forma agradable como desagradable, vamos a tener la tendencia a querer repetirla o evitarla, según sea el caso.
Es clave entender esto. Cuando te atajes sintiendo aversión por colores, olores, sabores, texturas, formas o sonidos, pregúntate ¿Cuál es la creencia detrás de ello? Es algo que has podido comprobar o lo escuchaste alguna vez? Está relacionado con un evento del pasado que recuerdes? Cualquier reacción exagerada, ya sea de apego o aversión tiene una huella detrás.
Adherirnos a nuestras creencias de “yo nunca” o “yo siempre” solo refuerzan nuestro sentido de identidad con las riendas, el carruaje y los caballos. Cuestiona esas preferencias marcadas. No necesitas cambiarlas. Solo hazlas conscientes, para que no decidan por ti y no definan tu experiencia.
Puedes verlo así: esta creencia aumenta mi sentido de unidad o de separación? Y la respuesta te demostrará si te estás acercando a la verdad. Es esto amor o miedo?
Nos hacemos responsables cuando tomamos las decisiones por preferencia consciente. Porque hemos comprobado que esa opción nos trae paz a nosotros y a los demás, sin demonizar la opción contraria.
Si nuestra elección es ser fiel, no tenemos por qué condenar al que no lo hace, porque no sabemos si está eligiendo conscientemente o sencillamente se deja llevar por sus huellas y creer que no puede evitarlo. Puede ser un huella transgeneracional y simplemente está siguiendo el camino del abuelo. Esa persona quizás no ha estado lo suficientemente presente para darse cuenta que tiene otras alternativas con menos impacto doloroso.
Prefiero vestirme de colores claros, pero eso no implica que los colores oscuros sean “malos”. Hacerse consciente de cosas tan sencillas puede hacer que nuestra experiencia sea más amorosa. Observar si nos estamos polarizando y demonizando al polo opuesto.
Al final estas recomendaciones no son para juzgar nuestra conducta, sino darnos cuenta de que podemos vivir más ligeros y en paz si elegimos la presencia plena, no importa cuán dura esté siendo la experiencia. La atención plena es sinónimo de paz. Te invito a comprobarlo.
En el siguiente artículo hablaremos de la función del discernimiento y la conciencia como el campo en el que todo esto sucede. La conciencia como lo que contiene y ES al mismo tiempo todos los elementos: pasajero, carruaje, cochero, riendas, caballos e incluso el camino.
OM Namah Shivaya
Paz y amor 🌬️❤️🕊️✨
Astrid




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